Hay momentos en los que no sabemos qué queremos. Pero sí sabemos algo con mucha claridad: así, no.
Y entonces empieza la búsqueda. Hablamos con alguien. Consultamos. Leemos. Pensamos. Repensamos. Como si la respuesta estuviera afuera, en una frase justa, en alguien que vea lo que nosotros no vemos.
El problema no es buscar. El problema es no parar nunca de buscar afuera. Porque cuanto más ruido sumamos —opiniones, consejos, expectativas ajenas, incluso las propias— más lejos quedamos de escucharnos.
La claridad no aparece pensando más
Pensar no es lo mismo que escuchar. Pensar suele estar lleno de “debería”, de “a esta edad”, de “yo tendría que querer esto”, de “cómo voy a sentir eso”.
Ahí no hay verdad profunda. Hay condicionamientos. La claridad no aparece por acumulación de ideas, sino por sustracción de ruido.
Silenciar no es rendirse
Estamos entrenados para hacer, resolver, avanzar. Silenciar parece pasividad, cuando en realidad es una forma profunda de honestidad. Silenciar es dejar de empujar. Es soltar, aunque sea por un rato:
- lo que creés que deberías querer
- la identidad armada alrededor de tu rol o profesión
- las opiniones propias y ajenas
Cuando el ruido baja, empieza a aparecer algo más simple y más estable. Algo más perdurable en vos. No es una respuesta mágica. Es una especie de foco. Y con eso, alcanza para dar el próximo paso.
Un año con sentido: indagar antes de planificar
El sábado 24 de enero nos reunimos para participar de un taller que llamamos “Un año con sentido”. Y lo ofrecemos en enero porque es una pausa para volver al eje. Para mirar tu forma de ser, clarificar qué es importante para vos y usar eso como guía para planificar tu año.
Por eso, el taller no empieza planificando el año. Empieza indagando. Porque planificar sin escucharte suele ser repetir el automático, pero con metas nuevas.
En Un año con sentido la propuesta es frenar primero:
- observar desde dónde estás viviendo
- distinguir deseo de mandato
- reconocer qué quiere espacio y qué ya no
No para decidir todo, sino para recuperar claridad interna.
Desde ahí, recién después, viene la planificación: un diseño del año que no nazca de la exigencia, sino de tus valores, tu energía real y tu forma de estar en el mundo. No se trata de llenar la agenda. Se trata de no seguir traicionándote mientras avanzás.
Si te interesa saber más sobre la actividad, escribinos.
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