Durante este mes, en el blog venimos compartiendo lecturas, reflexiones y miradas que nos invitan a volver la atención a la niñez, a la infancia, a ese territorio sensible donde se teje el vínculo entre adultos y niños. Nos interesa pensar cómo nos relacionamos con ella, cómo la escuchamos, cómo la cuidamos.

En esta oportunidad, quiero compartir otro texto de Luis Pescetti —sí, otro—, alguien que admiro profundamente por su mirada lúcida, sensible y honesta sobre el mundo infantil. Pescetti no endulza ni romantiza: observa, respeta, se pone en juego. Y nos invita a nosotros, los adultos, a hacer lo mismo.

El texto que sigue parece un catálogo, una lista secreta, un recordatorio tierno y firme de lo que los chicos esperan de nosotros. No de lo que nosotros creemos que deberíamos ser, sino de lo que verdaderamente necesitan.

¿Qué te parece? ¿Cómo lo ves? ¿Qué te hace sentir leer esto?


Qué esperan los pequeños de los adultos

Este fue mi guion secreto como maestro, escritor y artista, siempre. Los chicos no están pendientes de cómo maneja la tecnología un maestro. No intenten competir con la pantalla pues esperan otras cosas de nosotros:

Que seamos coherentes.
Que no mintamos.
Que no nos burlemos, nunca.
Que los defendamos ante una injusticia.
Que no creamos que se tragarán cualquier sapo.
Que seamos eficaces en el mundo y los ayudemos a serlo.
Que nuestro encuentro con ellos sea verdadero para nosotros.
Que enseñemos cosas a las que les veamos sentido, para nosotros y para ellos, y que seamos coherentes con eso.
Que los ayudemos a entender lo que sucede, y a hacer planes.
Que les hagamos sentir que cuentan, que los oigamos. El Zoom sirve para que se sientan vistos más que para nuestra disertación.
Que les tengamos paciencia, pero que no dejemos pasar todo.
Que no pretendamos que todo es perfecto, pero que no transmitamos desencanto.
Que no seamos hiperexigentes, pero que tampoco aplaudamos cualquier cosa.
Que seamos personas y los tratemos como personas.
Que lo que hagamos nos entusiasme, la materia, la clase, la crianza, lo que compartamos con ellos.
Y por favor, que seamos todo lo divertidos que sea posible.


Mariela Herrero

Licenciada en Psicología (UNED, Barcelona). Instructora de mindfulness. Coach ontológico en formación.

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