Hoy quiero compartirles una historia del libro La vaca que lloraba, de Ajahn Brahm.
Antes de leerla, cabe hacer una aclaración sobre el karma, porque es una palabra que suele entenderse de muchas maneras. Karma se refiere a las consecuencias de nuestras acciones. Y cuando hablamos de acciones no hablamos solamente de lo que hacemos con el cuerpo. También están nuestras acciones verbales y mentales: lo que decimos, lo que pensamos, las historias que construimos en nuestra cabeza, las intenciones con las que actuamos y la manera en que nos relacionamos con lo que nos sucede.
Ahora sí, te invito a leer la historia. Y cuando termines, volvé a leerla una vez más.
Un hombre que tenía éxito en la vida mantenía a cuatro esposas. Cuando su vida estaba a punto de extinguirse, llamó a su cabecera a la cuarta esposa, la más reciente y más joven.
—Querida —dijo, acariciando su hermosa figura—, en un día o dos moriré. Después de la muerte, me sentiré solo sin ti. ¿Vendrás conmigo?
—¡De ninguna manera! —declaró la muchacha—. Yo debo quedarme aquí. Pronunciaré las alabanzas en tu funeral, pero no puedo hacer nada más.
Y salió a grandes pasos de su dormitorio.
El frío rechazo de su esposa más joven fue muy doloroso para él. Le había prestado mucha atención. De hecho, estaba tan orgulloso de ella que la escogía como acompañante en los actos importantes. Ella le daba dignidad en su vejez.
Fue una sorpresa descubrir que no lo amaba como él la había amado.
No obstante, tenía tres esposas más, así que llamó a la tercera, a la que se había unido en su mediana edad.
Se había esforzado mucho para conseguir la mano de su tercera esposa. La amaba profundamente por haberle dado muchas y muy profundas alegrías. Era tan atractiva que muchos hombres la deseaban; sin embargo, ella siempre le había sido fiel. Le daba una sensación de seguridad.
—Cariño —dijo, agarrándola con fuerza—, en un día o dos habré muerto. Después de la muerte, estaré solo sin ti. ¿Querrás venir conmigo?
—¡Por supuesto que no! —afirmó la seductora joven de manera tajante—. Eso nunca se ha hecho. Te ofreceré un espléndido funeral, pero después del servicio me iré con tus hijos.
La infidelidad de su tercera esposa le destrozó el corazón.
La despidió y fue a buscar a su segunda esposa.
Había crecido con su segunda esposa. Esta no era tan atractiva, pero siempre estaba dispuesta a ayudarle en cualquier problema que surgiera y a darle consejos valiosos. Era su amiga de mayor confianza.
—Querida —dijo, mirando fijamente sus ojos confiados—, en un día o dos habré muerto. Después de la muerte, estaré solo, sin ti. ¿Querrás venir conmigo?
—Lo siento —dijo ella, disculpándose—, no puedo ir contigo. Iré hasta el pie de tu sepultura, pero no más allá.
El anciano estaba destrozado.
Fue a buscar a su primera esposa, a la que había conocido aparentemente desde siempre. La había desatendido en los últimos años, sobre todo después de que hubiera encontrado a su atractiva tercera esposa y a su distinguida cuarta esposa.
Pero era su primera esposa la que era realmente importante para él, la que trabajaba en silencio sin llamar la atención de nadie.
Se sintió avergonzado cuando la vio entrar, mal vestida y muy delgada.
—Queridísima —dijo en tono suplicante—, en un día o dos habré muerto. Después de la muerte, estaré solo, sin ti. ¿Vendrás conmigo?
—Claro que iré contigo —replicó ella impasiblemente—. Siempre voy contigo de vida en vida.
La primera esposa se llamaba Karma.
El nombre de la segunda era Familia.
El de la tercera era Riqueza.
Y el nombre de la cuarta era Fama.
Ahora que conocés a las cuatro esposas, te propongo volver a leer la historia.
¿A cuál de las cuatro esposas es más importante cuidar? ¿Cuál de ellas irá contigo cuando mueras? Y quizás una pregunta más para llevarnos de la historia: ¿A cuál de ellas estamos cuidando más en nuestra vida cotidiana?
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