En nuestros vínculos y en nuestro día a día, solemos buscar —muchas veces de forma inconsciente— a ese “otro mágico” o esa “circunstancia ideal” que venga a sanar nuestras heridas y a darnos la seguridad que sentimos que nos falta. Proyectamos en una pareja, en un logro profesional o en un cambio de entorno la responsabilidad de nuestra propia integridad, convirtiendo el bienestar en algo que “sucederá” cuando lo externo finalmente se acomode a nuestro gusto.

Sin embargo, la verdadera libertad aparece cuando nos animamos a soltar esa fantasía. Desprenderse del sueño imposible de que algo o alguien allá afuera vendrá a resolver nuestra historia no es un acto de resignación, sino un paso necesario hacia una vida real, madura y presente. Buscamos en lo externo una completitud que solo puede construirse desde adentro; mientras esperemos que el alivio sea el resultado de un factor ajeno, seguiremos postergando nuestro propio poder de transformación.

El siguiente texto es un fragmento de Sharon Salzberg, extraído de su libro Amor verdadero. El arte de la atención y la compasión. Es una invitación profunda a reflexionar sobre la importancia de asumir nuestro propio proceso y descubrir que el amor, la protección y la compasión que tanto buscamos afuera, necesitan empezar, primero, por nosotros mismos.


Muchas relaciones se basan en la esperanza de que, como por arte de magia, el amor incondicional del otro curará nuestras heridas y restaurará nuestra salud. Aun cuando nuestro ser racional reconoce que eso es una fantasía, podríamos continuar nutriéndola, así sea solo en el inconsciente.

La fantasía del “otro mágico”

En su libro The eden project: in search of the magical other, el psicólogo junguiano James Hollis escribe:

“La idea falsa que impulsa a la humanidad es la fantasía del Otro Mágico, la noción de que existe una persona justo para nosotros que hará que nuestra vida funcione, un alma gemela que reparará los estragos de nuestra historia individual; una persona que estará siempre a nuestro lado, nos leerá la mente, sabrá lo que queremos y satisfará esas profundas necesidades; un buen padre que nos protegerá del sufrimiento y que, con suerte, nos ahorrará el peligroso viaje de la individualización”.

Hollis agrega que el paradigma de nuestras relaciones se forma a partir de las primeras experiencias que tuvimos y que, de hecho, está inscrito en nuestra red neurológica y emocional.

El alivio de la conciencia

Pese a que descubrir que el otro mágico es una ilusión puede decepcionarnos terriblemente, también podría darnos alivio. Cuando reconocemos que cada uno de nosotros está a cargo de su integridad, allanamos el terreno para las relaciones recíprocas. No obstante, esto implica conciencia y la intención de dejar atrás nuestras fantasías de que alguien nos pondrá en libertad.

La psicóloga Christine Carter reflexiona sobre este punto:

“He descubierto que deshacerme de mis fantasías en torno a mi relación requiere admitir una pérdida y llorarla. […] Me ayudó a librarme de ellas comprender que mis fantasías románticas fueron creadas por la industria cinematográfica y no por una necesidad real mía. La pérdida de mis esperanzas de cuento de hadas me entristeció un tiempo. Si estás triste, sufre, pero después prosigue tu camino”.

El desafío de la reciprocidad: el caso de Julia

Para Julia y su esposo, aceptar que ninguno de los dos puede darle al otro lo que solo ellos como individuos pueden darse a sí mismos ha sido un tema central en su matrimonio.

Julia explica que cada uno lucha con su propio shenpa —palabra tibetana que significa “apego”—, aludiendo a ese estado en el que viejos detonadores se activan y nos obligan a buscar alivio afuera:

  • Él necesita sentir que ella lo tiene en alta estima para sentirse seguro.
  • Ella necesita sentirse protegida y apoyada como nadie lo ha hecho jamás.

En terapia, descubrieron que él puede obtener esa estimación de sí mismo sin extraerla de ella, y que ella no necesita que la protejan, porque puede hacerlo sola igual de bien.

Cerrar la brecha desde adentro

Julia sabe que su deseo de protección nace de la relación con un padre autoritario y violento. A pesar de saberlo, admite la decepción que siente cuando su esposo no la protege de la forma en que ella lo ansía.

Como aprendió Julia, hay grietas y fisuras en cada uno de nosotros, resultado de nuestras experiencias tempranas. Siempre puede haber una brecha entre lo que anhelamos en el otro y lo que realmente posee. No obstante, cuando renunciamos a nuestra esperanza de que alguien cierre esa brecha, somos capaces de percibir que solo estamos a la espera de ser colmados con amor y compasión por nosotros mismos.


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Mariela Herrero

Licenciada en Psicología | Especialista en Mindfulness | Coach Ontológico profesional

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