En la práctica diaria, solemos buscar el equilibrio y el centramiento como si fueran un refugio estático, un lugar seguro donde resguardarnos de las tormentas. Sin embargo, la verdadera estabilidad no consiste en aferrarse a una posición fija, sino en aprender a sostenernos justo en el centro de la paradoja, sin huir hacia los extremos.

En este fragmento de su libro Cuando todo se derrumba, la maestra budista Pema Chödrön nos invita a explorar el camino medio: un espacio de apertura mental radical donde dejamos de reaccionar de forma automática ante la incomodidad. Es una invitación a soltar nuestros puntos de referencia habituales y a descubrir la valentía que surge cuando simplemente decidimos quedarnos presentes, aquí y ahora.


En el camino medio no hay punto de referencia. La mente sin punto de referencia no se resuelve a sí misma, no se fija ni se aferra a las cosas. ¿Cómo podríamos prescindir de todo punto de referencia? No tener punto de referencia es cambiar nuestra respuesta habitual al mundo, una respuesta que está profundamente enraizada: queremos que las cosas vayan en un sentido o en otro. ¡Si no puedo ir a la izquierda o a la derecha me moriré!

Cuando no podemos ir a la izquierda ni a la derecha nos sentimos como si estuviéramos en un centro de desintoxicación: estamos solos ante el síndrome de abstinencia con todo el nerviosismo que hemos estado intentando evitar al ir a la izquierda o a la derecha. Ese nerviosismo puede pesarnos mucho.

Sin embargo, tras años y años de ir a la izquierda o a la derecha, de decir sí o no, de hacer las cosas bien o mal, nada ha cambiado en realidad. Bregar por conseguir seguridad nunca nos ha traído nada más que una alegría momentánea. Es como cambiar la posición de las piernas en la meditación. Las piernas nos duelen de tenerlas cruzadas, y entonces las movemos y pensamos: «¡qué alivio!», pero dos minutos y medio después volvemos a desear moverlas. Nos vamos moviendo en busca de placer, en busca de comodidad, y el placer que obtenemos es siempre muy breve.

Oímos muchas cosas sobre el dolor del samsara y también oímos hablar de la liberación. Pero no solemos oír hablar de lo doloroso que es pasar de estar atascado a desatascarse. El proceso de desatascarse requiere de una gran valentía porque pasamos básicamente a cambiar nuestra forma de percibir la realidad; es como cambiar nuestro ADN. Deshacemos con ello un patrón que no es únicamente el nuestro; es un patrón de la humanidad: proyectamos sobre el mundo un trillón de posibilidades de conseguir la solución a nuestros problemas. Podemos tener los dientes más blancos, el césped sin malas hierbas, una vida libre de lucha, un mundo sin vergüenza. Podemos vivir felices para los restos. Este patrón nos mantiene insatisfechos y nos causa mucho sufrimiento.

Nuestro derecho de nacimiento: el camino medio

Como seres humanos no sólo buscamos la resolución de las situaciones sino que también sentimos que la merecemos. Sin embargo, no sólo no la merecemos sino que sufrimos por su causa. No nos merecemos una resolución, sino algo mejor. Merecemos el camino del medio, que es nuestro derecho de nacimiento, un estado de apertura mental que es capaz de relajarse en medio de la paradoja y la ambigüedad. En la medida en que hemos estado evitando la incertidumbre, es natural que tengamos síntomas de retirada, que nos retiremos de pensar que siempre hay un problema y que alguien, en alguna parte, tiene que resolverlo.

El camino del medio está muy abierto, pero avanzar por él es duro porque atenta directamente contra el núcleo del antiguo patrón neurótico que todos compartimos. Cuando nos sentimos solos, cuando no tenemos esperanza, lo que queremos hacer es ir a la izquierda o a la derecha. No queremos sentarnos y sentir lo que estamos sintiendo. No queremos pasar por la desintoxicación; y, sin embargo, el camino del medio nos anima a hacer exactamente eso. Nos anima a despertar la valentía que existe en cada uno de nosotros sin excepción, incluyéndonos a ti y a mí.

La meditación es una preparación para seguir el camino del medio, para estar exactamente en el sitio. Se nos anima a no juzgar lo que surge en nuestra mente; de hecho, se nos anima a ni siquiera apegarnos a ello. Se nos pide que simplemente reconozcamos como pensamiento todo lo que solemos clasificar como bueno o malo, sin todo el drama habitual que acompaña al bien y al mal. Se nos instruye a dejar que los pensamientos vengan y vayan como si tocáramos una burbuja con una pluma. Esta disciplina directa nos prepara para dejar de luchar y descubrir así un estado de ser fresco y sin sesgo.

Ciertos sentimientos que experimentamos, como la soledad, el aburrimiento y la ansiedad, pueden estar particularmente preñados del deseo de resolución, y a menos que podamos relajarnos en ellos, es muy duro permanecer en el camino medio cuando estamos experimentándolos.


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Mariela Herrero

Licenciada en Psicología | Especialista en Mindfulness | Coach Ontológico profesional

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