A continuación compartimos algunas de las preguntas más habituales que nos hacen nuestros meditadores y alumnos, tanto en las sesiones de práctica semanales como en los diferentes cursos y actividades que realizamos a lo largo del año.

¿Qué es el mindfulness y en qué consiste meditar?

El mindfulness (o atención plena) es estar despiertos al momento presente. Es prestar atención de manera intencional a la experiencia tal y como es, sin juzgarla ni rechazarla. La meditación de atención plena es el entrenamiento de esa capacidad. Es un ejercicio de concentración donde, una y otra vez, volvemos al objeto presente: la respiración, el cuerpo o las sensaciones.

No hay un tiempo rígido ni “correcto”. Lo importante es que sea viable y sostenible. Se puede empezar con 10 o 15 minutos diarios e ir extendiendo el tiempo de forma gradual, a medida que se fortalece la atención. Más vale poco y constante que mucho y abandonado.

No. Aunque la práctica proviene de las enseñanzas de Buda, hoy se aborda como un entrenamiento mental y atencional secular, accesible a cualquier persona, sin creencias ni dogmas. Mindfulness no te cambia la religión. Te cambia la relación con tu mente.

Es común sentir incomodidad si el cuerpo no está habituado a la postura. Ahora bien: las rodillas no deberían doler. El dolor suele estar ligado a mala postura, tensiones previas o falta de sostén. Otra cosa distinta es la molestia por la quietud, que puede ser una oportunidad para entrenar la ecuanimidad. Siempre se puede —y se debe— ajustar la postura. Meditar no es sufrir.

No. La postura influye en el estado mental. Sentados, buscamos un equilibrio entre relajación y alerta. Acostados, es más fácil quedarse dormido o dispersarse. La postura erguida ayuda a sostener la presencia y una atención más clara.

Tradicionalmente, se recomienda por la mañana, pero lo más importante es que encaje en tu rutina. Lo ideal es elegir el momento de mayor energía y, si se puede, encadenarlo a un hábito ya existente (después de levantarte, antes de dormir, etc.).

Meditar no es dejar la mente en blanco ni sentirse siempre relajado. La práctica consiste en notar que te fuiste… y volver. Cada vez que volvés a la respiración o al cuerpo, estás meditando correctamente. Si te distraés, no hay provlema: eso es parte del entrenamiento.

Es un fenómeno habitual cuando disminuyen los estímulos visuales externos. No hay que interpretarlo ni buscarlo. Se observa y se vuelve al anclaje elegido, como con cualquier otra distracción.

La constancia es clave. Es mejor practicar pocos minutos todos los días que hacer sesiones largas de manera esporádica. La repetición es lo que entrena la mente y genera cambios reales a largo plazo.

Lo más recomendable es practicar en compañía o en un espacio guiado. Si estás en Banfield o zona sur, podés sumarte a los encuentros semanales, al curso introductorio o al programa de tres semanas de mindfulness. Porque sí: se puede aprender a estar presente, y no hace falta hacerlo solo.